Ahogado y agonizante como después de un naufragio, el fútbol peruano, de historia y tradición, vive una situación difícil y enrevesada que lo condena a morir. Los goles de Chumpitaz y Cubillas han quedado como historias fantásticas, bélicas e ilusas de aquella generación de oro que sedujo con buen juego y corazón a la que es difícil regresar. Es casi una utopía, es una realidad.
Con el único gol del partido, Guillermo La Rosa, en el minuto 82 ante Polonia y hace 28 años nos despidió de la fiesta más grande del fútbol. Polonia, que quedó tercera en ese mundial, nos propinó una vergonzosa paliza de 5 goles a 1 y desde ese momento perdimos el protagonismo quedando relegados frente al televisor anhelando el esperado regreso. España 82 marcó el inicio de una lúgubre realidad.
La selección peruana jugó en 1927 su primer partido oficial y desde entonces solo ha obtenido dos títulos continentales: el Sudamericano de 1939 y la Copa América de 1975 tras eliminar por sorteo, con la supuesta balota fría a Brasil. A nivel de clubes el escenario es aún peor. Cual víctimas de hechicería, desde 1960 que se disputa la Copa Libertadores de América, el máximo galardón de dos equipos peruanos como Sporting Cristal y Universitario es haber conseguido llegar a una final y mirar como otros levantaron la copa.
Por primera vez en el año 2007 se logró clasificar a un Mundial de menores y se ocupó un sexto lugar. Después de haber sido eliminados por el equipo Ghanés, es la mejor posición que ha obtenido un equipo peruano en un mundial y fue reconocido como el equipo revelación. Muchos de esos jugadores jóvenes hoy han desaparecido, otros calientan la banca de suplentes del torneo local.
Solo Cienciano del Cuzco, es el único equipo peruano que se alzó con el trofeo en dos torneos internacionales: La Copa Sudamericana y la Recopa. Tras vencer a cinco equipos de gloria, prestigio y nombradía como Universidad Católica de Chile, Santos de Brasil, Atlético Nacional de Colombia, River Plate y Boca Juniors de Argentina, los diablos rojos le devolvieron la alegría a todo un pueblo que derramó lágrimas y festejó a rabiar.
La selección de todos, después de haber sido galardonada como la cuarta potencia futbolística por mucho tiempo, hoy está doblegada, acortada y temerosa; atiborrada de canallescas decisiones de la clase dirigencial que exasperan al más creyente hincha.
Un país con tradición futbolística, de jugadores de raza y buen tipo ve mermada sus habilidades cuando tambalea entre la espectacularidad y la mediatización que entre escándalos y borracheras fueron motivo de jarana y distracción en el partido amistoso jugado en Panamá.
Nuestra selección es la última de Sudamérica, que sufre ante Bolivia y Venezuela, que no sabe ganar y ha perdido en las últimas eliminatorias por goleadas. Casi una lágrima que es casi una amargura.
Muchas decisiones se toman con informalidad y la actual administración de la Federación Peruana de Fútbol incumple las normas que se jacta de promover. Selecciones como Venezuela y Chile vienen manejando continuos procesos de reestructuración que les han permitido mejorar.
Mientras ellos avanzan, nosotros seguimos inmóviles. Las ilusiones, el delirio y fantasía de todos los peruanos es algo que no se puede explicar, se siente. Los enérgicos gritos que se escucha en las graderías del estadio demuestran que el hincha peruano está hecho de brío y fortaleza, ya que a pesar de los bochornosos partidos del combinado nacional se para firme, con decoro y pundonor para clamar justicia por un país que merece un estricto cambio.
