viernes, 18 de junio de 2010

UN SOÑADO PALACIO LITERARIO

Por : Martín Alvarado Correa
En una fría tarde de cielo gris, triste y melancólica, a orillas del río Rímac y cerca de los rieles del tren, Pilar Barrón, cantautora nacional, se pasea pensativa por el café literario. Con un sacón largo de color beige hasta las rodillas y una gruesa bufanda, sonriente y satisfecha, espera a los asistentes que serán testigos de la musicalización de los más reconocidos poemas de César Vallejo, en el auditórium de la Casa de la Literatura.
“Solo el arte cambiará el Perú”, menciona con cierta incertidumbre y convencimiento mientras retira el estuche negro de su antigua guitarra, que guarda delirantes recuerdos de encuentros y veladas musicales. Recuerda al “maestro” Luis Alberto Sánchez cuando hace muchos años le dio la esperanza y la fórmula, a un país que lee poco y se muestra indiferente con su historia literaria.
Por el bien de un país, acostumbrado a vivir cegado, como dormido; en el infortunio de vivir distanciado de los libros y bibliotecas, se presentó hace 9 meses, por iniciativa del Ministerio de Educación, la Casa de la Literatura Peruana, que nació con el sueño idealista de edificar una nación y promover el interés de niños, jóvenes y adultos.

En la antigua estación del ferrocarril de Desamparados, a espalda de la Plaza de Armas y Palacio de Gobierno, se muestra imponente, de color amarillo ocre, con su gran monumentalidad arquitectónica clásica del siglo XIX, la Casa de la Literatura Peruana, que alberga las obras y reseñas biográficas de los escritores más destacados de la historia.
No solo acoge a cientos de libros acuñados en grandes bibliotecas, sino que recibe a diario, grupos de personas con fines e intereses distintos, prestos a vivir varios minutos o quizás horas, sensaciones apasionantes que solo puede brindar el ensueño literario.
La claridad de luz invernal que ingresa por los ventanales, y el color grisáceo de un acostumbrado cielo limeño, marcan el recorrido de las amplias salas de color blanco.
Son 16 salas acondicionadas, 13 permanentes y 3 temporales, con amplios paneles informativos, audio y video, que muestran a los cientos de visitantes la historia literaria de nuestro país, desde la etapa pre colonial hasta la actualidad. Dentro de ellas, encontramos una sala infantil, un boulevard de los autores, un boulevard de la lectura, un auditórium, la biblioteca Mario Vargas Llosa y una zona de lectura conocida como el café literario donde también se disfruta de los usuales sonidos del tren. Todas ellas dirigidas por jóvenes orientadores, capaces de resolver las más enredadas preguntas de los visitantes.
La literatura se debe a inquietos e ilusos personajes que marcaron su vida y de los lectores con sus míticas y fantásticas composiciones. Caminar por el boulevard de los autores permite conversar con ellos y brinda la oportunidad de poder adquirir sus obras literarias, así como, promocionar a nuevos literatos. Ellos también forman parte de este nuevo proyecto, charlando con propios y extraños sobre los últimos sueños e ilusiones que únicamente despoja la literatura.
Entre los armarios de libros y un largo pabellón; espera sentada, de pelo corto y rojizo, con una mirada tierna y cordial, Lily Cuadra, una narradora y poeta chiclayana, promotora cultural y miembro de la Casa del Poeta Peruano que ha publicado cuentos para niños y una novela publicada en el 2007 “Denuda entre mar y caracolas”. Es capaz de cautivar al mundo con sus versos, pues revelan los recónditos secretos de su ser y de su infancia, evocando sentimientos de quienes interiorizan en sus escritos.
“Acostumbrada a esconder mis sueños en cuadernos bajo mi almohada y a mojar con lágrimas esos versos quebrados en noches de añoranza, decidí mostrarle a la gente lo que mi alma siente” expresa Lily Cuadra, mientras lee su poema cumbre La Barrendera. Con lágrimas en los ojos y profunda aflicción, recuerda sus primeros versos, su primer maestro y se dispone a cerrar su libro que tanto trabajo le costó publicar.
“Los chicos de hoy ya no leen, el internet ha colmado sus expectativas, han desplazado al libro, casi lo han olvidado”, explica Lily Cuadra mientras Abelardo Cárdenas Carbajal, un joven escritor de 25 años, la mira y acepta con indignación una realidad que difícilmente se propone a cambiar.

Ambos destacan el trabajo del Ministerio de Educación y resaltan la importancia de contar con la única Casa de la Literatura en el Perú y Latinoamérica; que se fortalecería con mayor asistencia de su gente.
Variedad de libros se exhiben en el cómodo ambiente de la Biblioteca Mario Vargas Llosa a disposición de cualquier lector, presto a sentir sensaciones apasionantes que irradia la literatura. Frente a ella se encuentra el auditórium para 200 personas donde se realizan las actividades culturales y de las cuales está encargado Edwin Roberto Mattos Araujo. A sus 28 años de edad, es un serio y responsable administrador y su misión es organizar diversos eventos semanales que colmen las expectativas del público asistente. “Acuden alrededor de 70 personas por día a las conferencias en nuestro auditórium pero es escaso para la capacidad con la que contamos”.
Todos los días de la semana se organiza una charla o ponencia donde se invita a varios escritores y profesionales, que evocan sus más entrañables sueños como autores y sus más exteriores rasgos de personalidad propia. Hoy le ha tocado el turno a Pilar Barrón, que antes de empezar a cantar, orienta al público con una biografía del mejor poeta peruano de todos los tiempos: El gran César Vallejo.
Ha preparado todo un repertorio musical poético que es grato de oír, que seduce en un momento de profundo respiro literario y que enorgullece sentirse peruano, con el que ha viajado por todo el mundo sembrando cultura. “En España me ofrecieron trabajo por varios años con tal de quedarme a cantar”. Las aulas del conservatorio y la calidad de sus profesores le han permitido musicalizar a 35 poetas latinoamericanos como Manuel Scorza, Blanca Varela, entre otros.
“Al final de cada ponencia, los autores se disponen a responder una rueda de preguntas e inician un debate con el público”. Esta alternativa satisface las necesidades de la gente y sacia el deseo de muchos jóvenes que presentan sus poemas, declaman y hasta hacen llorar al más prolijo escritor de historias sentimentales” explica Edwin.
Aparte de estos grandes espacios literarios, 3 salas temporales ofrecen la fascinante historia de un autor cada 3 meses y se expone en ellas diversas publicaciones del mismo, así como las mismas hojas, en letra inédita que utilizaron en la redacción de sus delirantes sueños literarios antes de ser publicados.
Oscar Chávez Cotrina ha llegado hasta la Casa de la Literatura en búsqueda de la “Casa Verde”, una novela escrita por Mario Vargas Llosa y rápidamente se acerca un orientador vestido de chaleco azul con el libro en las manos. Oscar sonríe y se dispone a leer sentado, mientras apunta en una hoja los datos más resaltantes. “No tengo mucho dinero para comprarme las obras de Mario Vargas Llosa, pero gracias a este nuevo espacio cultural, uno tiene a disposición las mejores obras de escritores peruanos y extranjeros”
Así como él son varios los lectores que se complacen leyendo un libro y que acuden al epicentro educativo donde se fortalecen mentes y se alimenta la identidad. Se calcula que mensualmente acuden 45 000 personas, de ellas 1500 a 2000 en los días de semana y 2500 los fines de semana, pero estas cifras siguen siendo reducidas ante la posibilidad de acoger a 5000 personas por día.
Ojalá que estas propuestas que fomentan la cultura se multipliquen a todo el país y que la descentralización educativa nos convierta en una sólida nación crítica capaz de doblegar los arraigados problemas que nos mantienen sumidos en un desesperante problema estatal.

PAMPLONA: UN PUEBLO QUE SIGUE SOÑANDO

Fotos por: Martín Alvarado Correa









jueves, 17 de junio de 2010

PAMPLONA ALTA: UN PUEBLO QUE SIGUE SOÑANDO

Por: Martín Alvarado Correa

Pocos conocen o han vivido de cerca la dura realidad que enfrentan quienes habitan los puntos más altos e ignorados de los cerros de Pamplona.

Allí donde la sonrisa se confunde con el suplicio, la aflicción y la angustia; donde comer es un reto y vivir casi una obligación, se mezclan las más tiernas miradas de pequeños niños, que a pesar del dolor, siguen soñando ser grandes para conducir el mundo y tomar el control.

Cuando amanece y los rayos del sol se han levantado muy cerca de ellos, o cuando el frio es intenso, triste y doblega su ser, salen para forjarse un mañana, para seguir construyendo ese camino largo y complicado que les asegura seguir viviendo.

Entre los alborozados gritos de un niño que corre y ríe, una madre con lágrimas en los ojos, como clamando justicia, se quiebra en una situación difícil que atormenta el alma y nos hace llorar con ella.

“Solo nos queda seguir viviendo y salir adelante”, dice una madre con profunda aflicción. Nada más que eso, les queda esperar a quienes no encuentran la esperanza de un mañana mejor y quienes conservan a diario, los mustios recuerdos del ayer, cuando eran niños. Soñar y seguir soñando.

miércoles, 2 de junio de 2010

BENDITA LEY

Por: Elmer Martín Alvarado Correa
En un país que todavía recuerda con dolor y rabia los encarnizados momentos que dejó marcado el terrorismo, difícilmente se podría estar a favor de la liberación de una “terrorista” que liquidó la tranquilidad nacional durante dos décadas.
Todavía se nos hace difícil olvidar los apagones, el sufrimiento, los toques de queda y las miles de muertes inocentes que fueron víctimas de las perturbadas mentes de quienes creían alcanzar el poder con la llamada guerra popular. Un país que se desmoronaba políticamente, que lloraba su infortunio, que se batía a morir condenado bajo el dominio aplastante de Sendero Luminoso y el MRTA, y que difícilmente encontraba solución a esta psicosis.
Lori Berenson Mejía, que fue detenida el 30 de noviembre de 1995, está libre, y quien sabe con ella, libres están quienes en un momento sembraron el terror. No cabe duda que estos grupos terroristas siguen organizados como intentando sobrevivir, como intentado dominar y doblegar al estado peruano, ajusticiando vidas e inoculando una ideología a los olvidados por el gobierno.
A Berenson la podemos repatriar a los Estados Unidos, pero ¿Qué pasará con los demás terroristas que cumplan su pena y con quienes se acojan al mismo pedido que presentó la norteamericana? Tarde o temprano líderes senderistas como Osmán Morote o Maritza Garrido Lecca se alejarán de las cárceles, ¿Estarán en condición nuestras fuerzas armadas y policía de hacerles un estricto seguimiento? La respuesta es evidente por la constante banalidad con la que se manejan estos hechos.
Acaso ¿Esto no es suficiente para darnos cuenta que la guerra sigue viva y que carecemos de un eficiente trabajo de estrategia, inteligencia y seguridad nacional?, parece que vivimos adormilados, aletargados y más aún nuestras autoridades quienes cometen atrocidades en decisiones repentinas e irresponsables que podrían costarle al país, un sangriento futuro de sus ciudadanos.
Decir que la ley es la ley y por más dura que fuera se respeta, a decisión del poder judicial es una respuesta contradictoria pero cierta. Ya nos hemos acostumbrado a debatir los errores de nuestras autoridades y a mofarnos con sus metidas de pata, pero este hecho, que ha movilizado a la opinión pública, merece tratarse con seriedad.
Quién nos asegura que tras 15 años de captura, Lori Berenson después de haber colaborado con un grupo rebelde y revolucionario como el MRTA, esté en sus planes re socializarse y no volver a cometer acciones que desequilibren aún más la tranquilidad nacional. Por ahora no hemos escuchado palabras de arrepentimiento, al final, las palabras no siempre son el reflejo a cabalidad del sentir propio de una persona.
Que este hecho no termine por resignarnos y nos convierta en obstinados ciudadanos que no luchan por intentar mejorar la actual situación del país. La opinión pública debería fortalecerse, para evitar ser blancos amorfos de las decisiones autoritarias y egoístas de los que tienen el poder.