miércoles, 2 de junio de 2010

BENDITA LEY

Por: Elmer Martín Alvarado Correa
En un país que todavía recuerda con dolor y rabia los encarnizados momentos que dejó marcado el terrorismo, difícilmente se podría estar a favor de la liberación de una “terrorista” que liquidó la tranquilidad nacional durante dos décadas.
Todavía se nos hace difícil olvidar los apagones, el sufrimiento, los toques de queda y las miles de muertes inocentes que fueron víctimas de las perturbadas mentes de quienes creían alcanzar el poder con la llamada guerra popular. Un país que se desmoronaba políticamente, que lloraba su infortunio, que se batía a morir condenado bajo el dominio aplastante de Sendero Luminoso y el MRTA, y que difícilmente encontraba solución a esta psicosis.
Lori Berenson Mejía, que fue detenida el 30 de noviembre de 1995, está libre, y quien sabe con ella, libres están quienes en un momento sembraron el terror. No cabe duda que estos grupos terroristas siguen organizados como intentando sobrevivir, como intentado dominar y doblegar al estado peruano, ajusticiando vidas e inoculando una ideología a los olvidados por el gobierno.
A Berenson la podemos repatriar a los Estados Unidos, pero ¿Qué pasará con los demás terroristas que cumplan su pena y con quienes se acojan al mismo pedido que presentó la norteamericana? Tarde o temprano líderes senderistas como Osmán Morote o Maritza Garrido Lecca se alejarán de las cárceles, ¿Estarán en condición nuestras fuerzas armadas y policía de hacerles un estricto seguimiento? La respuesta es evidente por la constante banalidad con la que se manejan estos hechos.
Acaso ¿Esto no es suficiente para darnos cuenta que la guerra sigue viva y que carecemos de un eficiente trabajo de estrategia, inteligencia y seguridad nacional?, parece que vivimos adormilados, aletargados y más aún nuestras autoridades quienes cometen atrocidades en decisiones repentinas e irresponsables que podrían costarle al país, un sangriento futuro de sus ciudadanos.
Decir que la ley es la ley y por más dura que fuera se respeta, a decisión del poder judicial es una respuesta contradictoria pero cierta. Ya nos hemos acostumbrado a debatir los errores de nuestras autoridades y a mofarnos con sus metidas de pata, pero este hecho, que ha movilizado a la opinión pública, merece tratarse con seriedad.
Quién nos asegura que tras 15 años de captura, Lori Berenson después de haber colaborado con un grupo rebelde y revolucionario como el MRTA, esté en sus planes re socializarse y no volver a cometer acciones que desequilibren aún más la tranquilidad nacional. Por ahora no hemos escuchado palabras de arrepentimiento, al final, las palabras no siempre son el reflejo a cabalidad del sentir propio de una persona.
Que este hecho no termine por resignarnos y nos convierta en obstinados ciudadanos que no luchan por intentar mejorar la actual situación del país. La opinión pública debería fortalecerse, para evitar ser blancos amorfos de las decisiones autoritarias y egoístas de los que tienen el poder.