Por: Elmer Martín Alvarado Correa-SynSentido
Una carátula de un diario conocido invitaba a la Conferencia "Novela, Literatura y Sociedad". Los candidatos al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y el italiano Claudio Magris se reunieron en la Biblioteca Nacional del Perú para debatir temas de reelevancia social y compartir experiencias, sentimientos que solo la literatura puede evocar.
Una carátula de un diario conocido invitaba a la Conferencia "Novela, Literatura y Sociedad". Los candidatos al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y el italiano Claudio Magris se reunieron en la Biblioteca Nacional del Perú para debatir temas de reelevancia social y compartir experiencias, sentimientos que solo la literatura puede evocar.
Pensé un momento... No podía irme sin antes escuchar esta ponencia que toda la semana había sido voceada por las grandes cadenas televisivas. Ante mi ruego suplicante y casi desmoralizado pude ingresar. Caminé por el pasillo del costado y lentamente avancé hasta la platea principal donde me mantuve sentado oyendo cerca de dos horas a dos escritores con un solo propósito: Cultivar el gusto por la literatura y la política.
La novela se escribe con la razón humana, pero también con los fondos oscuros de los que somos vagamente conscientes y que al escribir van reflotando.
Magris comparó la labor del escritor,cuando trata de recomponer el fragmentario tiempo contemporáneo, con el hilo de Adriadna, el que servía para conducir a Teseo a la puerta del laberinto tejido por el Minotauro.
Vargas Llosa recordó que el tiempo literario, incluso en las obras clásicas, es siempre un artificio, pero "nunca arbitrario, sino necesario para la construcción del relato" y se mostró convencido de que muchas obras de ficción triunfan o fracasan por el buen o mal manejo de las sutilezas de la construcción temporal.
Embelesados por la figura de Ulises, los dos escritores pusieron de relieve no solo al Ulises aventurero que todos los lectores sueñan ser, sino también al Ulises narrador que al regreso a Ítaca cuenta sus peripecias a Penélope y desliza exageraciones o incluso mentiras, es decir, una actitud por excelencia literaria.
Pero no solo se platicó sobre literatura ya que ambos se pronunciaron sobre problemas sociales contemporáneos, y concretamente el conflicto creciente entre la identidad occidental y la oriental que suponen las comunidades de emigrantes en Europa.
Magris consideró que para destruir "el miedo al otro" es fundamental una apertura y diálogo, un permanente cuestionamiento de las ideas propias, pero trazando límites sobre los principios que consideró innegociables, como la igualdad de las personas.
Vargas Llosa manifestó que "grandes conquistas de la democracia se resquebrajan en nombre de la identidad", y puso como ejemplo el que existan reclamos abiertos para practicar cosas como los matrimonios negociados o la ablación del clítoris en nombre del respeto a la identidad y las tradiciones.














