miércoles, 21 de octubre de 2009

EL SENSACIONALISMO

Por: Elmer Martín Alvarado Correa.SynSentido.




El sensacionalismo se ha convertido en el principal deformador de la información; donde el escándalo, el chisme y el afán de figuración forman parte de esta performance cotidiana. La irresponsabilidad y el voraz deseo del lucro terminan liquidando el principal propósito del periodismo, que no forma sino que más bien deforma.


Hacer periodismo es saber comprender distintos lenguajes y traducirlos en relatos que la sociedad comprenda cabalmente, para esto se necesita de una información veraz y coherente que renuncie al melodrama teatral cercano a los matrices de la cultura popular. El sensacionalismo pone en juego los sentimientos y el cuerpo, y rescata los códigos de un público que prefiere el relato periodístico que resulte más cercano a sus luchas y a su cotidianidad.


Los medios son la ventana al mundo, al inexplicable mundo del espectáculo. El avance del sensacionalismo se inscribe en la explosión mediática, fruto del desarrollo tecnológico, de la globalización de las comunicaciones y de la concentración empresarial o grupos de poder que dominan y corrompen los medios de comunicación. Todo medio se consolida si forma parte del negocio rentable del entretenimiento convirtiendo a los ciudadanos en inevitables consumidores de noticias que poco a poco reemplazan la información relevante por la información vana e inerte.


Si la noticia es espectáculo y como tal, mercancía a la venta, la categoría de ciudadano queda en crisis y las formas de percepción de la realidad se alteran.

 

“estas tendencias en la infocomunicación, paralelas o emparentadas con los caminos socioeconómicos y tecnológicos, descolocan al sujeto en cuanto constructor de sentido y no sólo ciudadano o sujeto ético y legal.


También lo hacen en sus sistemas lógicos, cognitivos, perceptuales, de “pensamiento y acción”. (Ford, 199: 111).

 

La información percibida como sensación, dificulta la participación ciudadana en la cosa pública y pone en riesgo la salud de la democracia, colocando como importante la visibilidad extrema de la sangre y reiteración de la catástrofe y el escándalo. En este sentido, Aníbal Ford advierte que la cultura del infoentretenimiento puede llegar a constituirse en “el certificado de defunción de la información como un servicio al ciudadano” (1999:110)


El sensacionalismo necesita de la intromisión en la vida privada de los individuos, sean victimarios o víctimas, para asombrar y sumas puntos de rating (palabra mágica o presea dorada de los medios de comunicación). De esta manera se olvida toda regla de ética periodística referida al resguardo y cuidado de lo que no puede ser público.


Se construye una escena donde se representa el melodrama mediado y reformulado, las agendas de violencia y de la criminalidad, del desvío y la corrupción, inundan en estos momentos la mayoría de medios de nuestro país mermando el poder crítico y razonable de toda persona.

Se asume que la información construida para impresionar dificulta o de alguna manera obtura el debate político, venda los ojos de la ciudadanía, los atomiza, los idiotiza y los mantiene aislados de la realidad y la problemática social.


En nuestra realidad los medios de difusión con prestigio social aún son muy pocos, es conveniente propiciar una toma de conciencia por parte de la colectividad y de los dueños de los medios en general para que busquen colocar a la comunicación colectiva en el verdadero sitial que le corresponde como agente facilitador del desarrollo humano.


Debemos hacer algo urgente para humanizar los medios o, por lo menos, para contener el violento proceso de deshumanización en el que han ingresado.


Nos seguiremos preguntando ¿La información ha de cumplir funciones en pro del interés público, o acaso es solo una forma de entretener a través de una realidad entendida como espectáculo?


Es necesario que como comunicadores recordemos siempre que el principio básico del periodismo es: “La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad” (Cultura 21, USMP).